SOBRENATURAL

DEPORTES

Pedro Conesa Asin 5/12/2011

Este año 2011 no ha sido el mejor para él. Ha perdido el Nº 1 del mundo. Ha caído derrotado en numerosas finales. Ha dado su brazo a torcer en torneos de tierra batida, donde es el mejor y donde más le duele perder. Ha sufrido, ha llorado… Pero ayer logró su cuarta ensaladera, la quinta para España. Una vez más se sobrepuso a cualquier adversidad y con esa mentalidad inquebrantable logró poner un broche de oro a una temporada complicada. Una temporada que finaliza con 4 torneos ganados: Montecarlo, Barcelona, Roland Garros y la Copa Davis. Una temporada en la que ha perdido 6 finales contra el actual número 1. Ha sido un año duro, complejo, de mucho desgaste físico y sobre todo mental. Aunque el buen sabor de boca que deja la final de Sevilla compensa cualquier sombra que haya podido cubrir  una temporada marcada por la incertidumbre. 

Pero en su cabeza sigue habiendo un nombre: Novak Djokovic. Reponerse de las 6 derrotas sufridas contra su máximo rival, es el objetivo a seguir el año que viene. Necesita ese partido, necesita esa revalida. Un partido contra el serbio en el que por fin derrote a todos los fantasmas del pasado y al miedo que han atenazado al balear durante los últimos meses. Un partido en el que sea el dominador y no el que nade a contracorriente. Un partido con esa actitud que le hace diferente al resto de mortales. Un partido en el que apriete el puño con más fuerza que nunca. Un partido que le devuelva la sensación de que Novak no es imbatible y que aumente a la enésima potencia su grado de confianza.

Queda un mes para que comience la temporada en Doha, pero hay muchos que ya soñamos con ese enfrentamiento. Porque sabemos que el de Manacor no cejará en su empeño por seguir derribando obstáculos y de hacer posible lo imposible. Porque su lugar natural es el número 1, su categoría como deportista y como persona son aval suficiente para recuperar el trono perdido.

Me imagino ese duelo entre estos dos colosos de la raqueta en Londres.

Es julio de 2012, el cielo está encapotado. La Centre Court abarrotada, 15.000 personas vibrando. La atmósfera es de otra galaxia. Se hace el silencio. Son las 8 de la tarde y el mejor deportista español de todos los tiempos saca para ganar. Se ajusta el pantalón, se toca el pelo, bota la pelota 8 veces y se dispone a ejecutar el saque. Saque abierto y liftado a la derecha de su oponente, buscando un ángulo aún por descubrir. Djokovic se estira y logra devolver la bola como puede. El resto coge bastante altura pero parece que se queda corto. El español sube, fija su mirada en la bola, se dispone a volear… y se acuerda de lo sucedido en 2011 de sus derrotas contra el serbio, de lo mucho que le ha costado llegar hasta aquí. Y entonces reacciona y piensa en voz alta: “Sin sufrimiento, no hay felicidad”. Es un volea cortada. La raqueta sacude la bola con pasión, con hambre, con fuerza, con la ilusión de aquel niño que empuño por primera vez una raqueta…es una volea ganadora. Se tira al suelo, lo ha logrado una vez más. Es doble campeón olímpico. Es Rafa Nadal.

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