Los genéricos en el punto de mira

SANIDAD

Sonia Gil 15/11/2011

La incertidumbre de los pacientes ante la aplicación de la nueva ley de sanidad sobre la prescripción por principio activo crece ante la falta de información.

La nueva norma, incluida en el Real Decreto Ley 9/2011, ha entrado en vigor recientemente y los usuarios aún desconfían de la calidad de los denominados fármacos genéricos. Desde este mes, los farmacéuticos se ven obligados a dispensar este tipo de medicamentos comercializados con el nombre de su principio activo, por lo que carecen de marca y se abarata su coste para el Estado. Esta iniciativa ha nacido como una política de ahorro en medio de la crisis económica que atraviesa el país, pero a su vez, ha creado en el consumidor cierto miedo ante la dudosa calidad de estos genéricos respecto a los medicamentos “de marca”.  “Mi padre sufre una enfermedad crónica y le asusta realmente que le cambien la medicación que lleva tantos años tomando”, afirma Raquel desde una farmacia situada en el barrio de San José.

Pero lo cierto es que desde organizaciones como Farmaindustria y la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG) llaman a la tranquilidad, pues aseguran que todo laboratorio está obligado a presentar frente al Ministerio de Sanidad una serie de análisis que verifiquen la calidad de todo fármaco, así como un estudio de bioequivalencia. De esta forma, los genéricos y los “de marca” se presentan como bioequivalentes, certificándose que los efectos de uno y otro en el organismo son semejantes. “Es normal que haya surgido la duda en el consumidor pero en realidad no hay por qué alarmarse. Son productos muy estudiados en su elaboración que pasan fuertes controles de calidad”, asegura Francisco Javier desde su farmacia en el Actur.

Además, diversas compañías farmacéuticas pueden presumir de contar en su mismo grupo empresarial con partidas de elaboración genérica y de marca, de lo que se deduce un proceso de fabricación cuanto menos similar.

Las principales dudas frente a esta nueva norma no deberían surgir de la calidad de los fármacos genéricos, sino más bien en relación a otros problemas coyunturales en su aplicación; tales como la menor facturación de las farmacias, la falta de información de la que dispone el paciente, y de las diversas interpretaciones que de la ley se desarrollan en las diferentes comunidades autónomas, poniendo en serio peligro la equidad a nivel nacional.

La cifra de medicamentos con patentes caducadas -y susceptibles por tanto de tener un producto análogo bajo el nombre de “genérico”- asciende a 17.000. Será interesante que las autoridades sanitarias se impliquen más en la información al consumidor para evitar miedos e incertidumbres al adquirirlos; y que en todo caso se respete la bioequivalencia de los productos amparando la seguridad del paciente por encima del beneficio económico del país.

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